Hay deseo en nuestras miradas
me dijiste seriamente esa tarde.
Hay deseo en nuestras miradas
me preguntaste con cierta duda,
y con una sonrisa naciendote.
Y yo por miedo, que al abrir la boca
se ne escapara el alma
negué con gesto firme
y volví a negar tres veces más
a pesar de la contradicción de mi mirada,
mi boca se negaba a asentir.
Pues hay cosas que no sólo se contestan
con palabras
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