Tus colmillos comieron mi piel
dejándome los huesos al sol
tus uñas desgarraron mi interior
mi yo dejó de existir si no era
a través de tu aliento
bebí tu esencia en pagana ceremonia
Las cenizas de mi pasado
fueron testigos del renacimiento
y vos entre expectante y curiosa
observabas tu creación
reías a la noche, tal vez de alegría
mientras yo, revolcandome de dolor,
sufría
lenta agonía del éxtasis del olvido
finalmente permitido
sufría
todo el dolor del desconcierto
ante la oscuridad desconocida.
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