Crecimos con
el recuerdo colectivo
De heridas
que duelen en el recuerdo
Que están
latentes a pensar de la sonrisa
Del desayuno,
o a través del día
Viejos cuentos
de dolor, que fueron lastimando
La piel de
la inocencia, humanidad resquebrajable
Y en
perpetuo cambio, pero siguen ahí…
endebles, imperturbables
Y en las
noches de soledad, duelen
Cuando el
viento, un viento
Azota los árboles,
con saña y desenfreno
Arremolinando
hojas secas a su paso
Un viento
que arrastra tras de él
Olor de
viejos tiempos
Y va
reabriendo heridas que no debieran existir
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