01 abril 2022

Domingo

Dos tazas de café, algunas medialunas en un plato, vos del otro lado de la mesa y nuestro perro debajo de la mesa entre nuestras piernas con ojos de "¿cuando seguimos el paseo?"

Los domingos eran de fiaca absoluta, tu trabajo diario en la semana, mis clases hasta el sábado a la mañana convergían en que el domingo era un isla en donde reencontrarnos ambas y hasya Coco, lo sabía, porque él también esperaba esos largos paseos en el parque e incluso esperaba con ansias la galleta que la moza del café donde hacíamos un parate, para un café.

Yo me había llevado el libro que me tenía atrapada estos días, vos hojeabas el diarioy fruncías el entrecejo, me encantaba verte así concentrada y comprometida con el mundo que nos rodea, me hace amarte más, eres un ancla, pero también eres mis alas.
El sol calentaba mejillas y el viento desordenaba tu cabello largo. yo opté por apurar mi café y contemplarte, el viento, los rulos, el sol tus mejillas sonrojandose por la tibieza del astro, escuchaba al perro debajo terminar la galletita de regalo, tus manos, tus brazos al descubierto, mirarte como la obra de arte que sos, perfecta en tu inperfección.

No sé cuanto tiempo estuvimos así, vos concentrada en la lectura, yo absorta mirandote, sintiendo, escuchando,  SINTIENDOTE.

Me preguntaste algo, no sé, no recuerdo, me miraste y te reiste, mi mano alcanzó la tuya sobre la mesa y acaricie lentamente tus dedos...

-¿Volvemos a casa?- preguntaste
-Volvamos.- dije, nos fuimos riendo, tomadas de la cintura, mientras Coco grunía porque entendía que el paseo se había acortado.




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